martes, 29 de abril de 2008

ME ASIMILÉ!!!! 1

...Y tenía que terminar así...

-1: Te dan a elegir entre maiko, gueisha y otra que no me acuerdo.

-2: Te dan a elegir, en un figurín, el kimono

-3: Te dan a elegir, en otro figurín, las poses que querés (2 sola, 2 con marido samurai y 2 samurai solo).

-4: Te dan una batita de hospicio y unas medias con ranura para dedo gordo.

-5: Te ponen una redecilla en la cabeza y después el pañuelo violeta y después una tira de tela blanca rodeándolo, todo muuuy tirante.

-6: Te mandan a lavar la cara con un jabón especial.

-7: Te embadurnan con una pintura blanca helada
-8: Te pintan por delante y por detrás

-9: Te dan un toque rosa

-10: Te ponen todo eso

-11: Con todos estos pinceles

-12: Te pintan los ojos con un pincelito, incluso las pestañas (que nunca tuve tan largas en mi vida), con el mismo pincelito.
-13: Te hacen un lifting sin escalpelo, a puro chonflex.

-14: Te dan un fucsia en los ojos.

-15: Labios también fucsia
-16: Te empiezan a atar como un matambre

-17: Te siguen atando como un matambre (contamos 14 cinturones entre correítas, telas, cintos, lazos y demás)

-18: Te ponen el kimono

-19: Más cintos

-20: Los posta
-21: Te dan a elegir el tocado que querés en la peluca
-22: Te enchufan la peluca que pesa 4 kilos

-23: Te sacan la foto del gringo canchero

-24: Te mandan a esperar las copias a un jardincito divino, justo en la semana de los cherry blosom en flor

-25: Listo, ya sos turista.

viernes, 28 de marzo de 2008

PERRA VIDA

Cuando sea japonesa, quiero se perra.
Navidad:

Casual look:

pollerita de jean y collar

beisball


minnie

Flashes no

Una historia de amor:
abeja

fiorucci


abeja seduce a fiorucci

fiorucci le corta el rostro por grasa

FIN


jogging

perego dog

susana y el corcho

que buda me conceda un modelito fiorucci

la morocha del abasto
De compras:

shopping

modelo kimono


modelo kimono 2


Big shop

dulce cadoga (casi perverso)

Guau!

miércoles, 19 de marzo de 2008

PILETA 4, NAGOYA. COMPRENDIENDO

Atraso una ciudad con las piletas. Pero como estoy de vuelta en Tokio y repito Konami Sports, con la de Nagoya me pongo al día.
Divina la pileta de Nagoya. Con mis amigos, los viejitos nagoyanos y sus cinco minutos de ejercicio.
El primer día, mientras nadaba, escuché por los parlantes un anuncio en japonés que se repitió unas cuantas veces. Después la voz cambió por una música muy Disney, un tanto hawaiana. Al rato, cuando sacaba la cabeza para respirar entre brazadas, vi que la pileta había quedado vacía (vacía de gente, no de agua). Todos los viejitos que nadaban y caminaban antes por los andariveles, estaban ahora afuera de la pileta, algunos parados cerca de los bordes y otros sumergidos en el piletón de agua caliente. La guardavidas, desde su sillita alta, movía los brazos al ritmo de la música, a la manera aloha, indicando las escaleras de salida de la pileta. Por supuesto, salí. Ni bien puse mi segundo pie fuera del agua, la guardavidas tocó un pitido largo y otro guardavidas, que recién llegaba, se metió a la pileta vacía. Enseguida la música de los altoparlantes cambió otra vez a voz y todos los viejitos que no estaban en las termas rodearon la pileta. Un nuevo guardavidas (uno que antes andaba por ahí llevando un megáfono amarillo en la mano), se paró también cerca del borde y, siguiendo las instrucciones que seguramente indicaba la voz de los altoparlantes, comenzó a hacer unos ejercicios de estiramiento que todos los viejitos siguieron al pie de la letra. Yo, mientras tanto, me escondí detrás de una columna (lo confieso aún a riesgo de dejar en evidencia que soy una boluda). La clase duró cinco minutos, después de los cuales el guardavidas hizo una reverencia que todos los viejitos contestaron y tocó el silbato. Inmediatamente todos volvieron a la pileta, a seguir nadando o caminando como si nada hubiera pasado.
Con el correr de los días entendí el sistema: Todas las horas en punto, se realiza el cambio de bañero. Entonces vacían la pileta. El bañero que llega se mete y nada la pileta entera de una punta a otra de cada andarivel, al llegar al centro se detiene, se pone en cuclillas bajo el agua y girando sobre los talones, recorre con la mirada el fondo completo de la pileta. Se asegura así, supongo, de que no haya en el piso ninguna porquería o algún ahogado. Mientras tanto, si la hora es impar, afuera se realiza la clase de gimnasia y si la hora es par, no pasa nada, la gente se mete en el piletón de agua caliente o se queda sentada en los bancos, debajo de las estufas que cuelgan del techo. Después de esos cinco minutos, el bañero que estaba arriba de la silla abandona su puesto y agarra el megáfono amarillo, camina alrededor de la pileta y empieza a limpiar con un trapito las junturas de los azulejos de las paredes y del piso. El guardavidas recién llegado toma su lugar arriba de la silla. Y el que antes estuvo con el megáfono amarillo se retira, y todo el mundo vuelve meterse a la pileta.
Yo traté de evitar las horas en punto todo lo que pude, para poder nadar todo de corrido, pero cuando no podía evitarlas, los cinco minutos de ejercicio me los pasaba sentada debajo de las estufas. No volví a esconderme detrás de la columna. Además me hice amiga de un grupo de viejitos que nadaban siempre a la misma hora que yo y que, entre largo y largo, me encuestaban acerca de Argentina, de Buenos Aires y de lo que hacía durante las 38 horas de vuelo entre un país y otro. Adoré esa pileta, comprender su sistema y a sus viejitos nagoyanos.

lunes, 17 de marzo de 2008

EXTRAÑO

Anoche soñé que me tenía que tomar el 44. Pero no me acordaba si iba a ser azul y rojo como antes, o verde y blanco como después de que lo comprara la 28. Eso extraño. El olor de las fiambrerías. Las de los almacenes o las que están al fondo de los chinos. Una mezcla de olor a salchichón y jabón en polvo. Extraño el olor de los Laverrap. El olor del subte. Cruzarme a alguien por la calle y verle cara conocida pero no acordarme de dónde. El olor a la madera que cae del sacapuntas, que había en el hall de entrada de uno de los colegios en los que trabajaba. Extraño el peligro cotidiano. Tener que mirar antes de cruzar la calle. Evitar algunas calles por la noche. Las baldosas flojas. Apurar el paso en una calle vacía. Extraño una calle vacía. Hace unos días me pareció escuchar que alguien gritaba ‘parenlá de una vez’, pero era un hombre pidiéndole a otro, en japonés, que posara para una foto. Extraño saber qué libro está leyendo el pasajero de al lado. También extraño el olor del cajón de la cocina de la casa de mi bobe. El cajón donde guardaba los cubos con letras para volver enseñarle a mi zeide las palabras que perdió cuando una parte de él se fue muy lejos. Y la bola de nieve de su aparador del living, recuerdo de Nueva York. La dabas vuelta y nevaba brillantina sobre la estatua de la libertad. Está en mi casa ahora, allá del otro lado. Y tengo guardadas en cajas y valijas muchas otras bolas de nieve, una de cada ciudad en la que estuve.
Otras ciudades. Con otras calles. Otras caras. Otros idiomas. Otros olores.

martes, 19 de febrero de 2008

KAWAII 1

Regresé después de haber estado y después de haber no estado… estados…

Para arrancar sencillo, van unas fotos de fotos. Me da cosita tirarme sobre las manos de alguna para fotografiarla, pero juro que veo esas uñas en persona diariamente. Y las hay mucho más ornamentales... estas son de una modestia inusitada.






Los precios, descuento incluído irían de los 26 a los 63 dólares

Las usan las chicas “kawaii”, las chicas “cute”, las “linditas” sería en castellano. Son las que usan peinados con batidos imposibles, visten casi siempre en degradé de rosa y cubren de strasses todo lo que las rodea. Con esas uñas hacen las cosas más inverosímiles. Inverosímiles porque las hacen con esas uñas. Quiero decir, aprietan los botones del ascensor, meten los tickets del metro por la ranura, se rascan, buscan cosas adentro de sus carteras rosadas, se maquillan... Lo más impresionante fue ver a una vendedora accionar la máquina registradora, recibir mi billete, sacar de la registradora los billetes y MONEDAS del vuelto y dármelos junto con el ticket, pero eso no fue nada comparado con la habilidad con que esas manos envolvieron mi compra para regalo... touché con esas uñitas.


No puedo acordarme dónde, pero la semana pasada vi uno de esos negocios en donde venden objetos cubiertos de strasses para chicas kawaii, prometo buscarlo y sacar fotos. Como adelanto digo que lo más top era la bicicleta strassada, por no hablar del casco, que…¡colgo y moiro!

miércoles, 2 de enero de 2008

PILETA 3, OSAKA. COCONOL

La pileta de Osaka le hizo honor al resto de las experiencias en esa ciudad…
Se llamaba Chuo- ku, o sea, edificio central. Digamos que se trataba de una especie de Coconor techado. Una pileta gigante con ocho andariveles de diferentes profundidades. Dos de ellos dedicados a las clases de natación para aplicados niños japoneses que saludaban a sus profesores con reverencias y decían “hai” al oír sus nombres cuando el instructor pasaba lista. Adentro de la pileta, todo era igual que en cualquier parte, chicos aprendiendo a nadar, pataleando, salpicándose. A la salida, en ordenada formación, volvían a aplicarse para pasar por los bebederos en donde el instructor les manguereaba agua sin cloro sobre los ojos y cada uno dejaba en perfecto orden sus salvavidas de telgopor y flota flotas.

Como en todas las demás piletas japonesas, un par de andariveles eran destinados al aqua walk y el resto para los cientos de nadadores que nos amontonábamos para ir volver de un lado a otro. Detrás de esta pileta central, los piletones de hidromasaje, con varias versiones de chorros relajantes. Y más atrás, el jacuzzi, tipo on-sen (baños termales) y la casilla de sauna. Estas dos últimas, características comunes a todas las piletas de la zona. Unos diez guardavidas controlando. Unas ocho cámaras filmando. Una campana que sonaba de vez en cuando y que nunca entendí qué corchos anunciaba. Unos vestuarios con duchas en las que no se permitía el uso de jabón o champú. Y el momento dramático infaltable. En este caso, las duchas de acceso.

Había carteles indicando (con dibujos fácilmente interpretables) la obligación de ducharse antes de entrar a la pileta. A tal fin, el pasillo por el que se entraba estaba cubierto por duchas. El primer día, vi pasar delante de mí a dos o tres señoras que fueron regadas instantáneamente al activarse el sensor que encendía dichas duchas. Sensor evidentemente estropeado, o bien calibrado para orientales, ya que cuando llegó mi momento de ingresar al natatorio, atravesé la zona sin ser siquiera salpicada, aunque una vez abandonado el pasillo todas las duchas se encendieron al unísono regando la nada. Retrocedí, entonces, para ducharme y en el instante en el que volví a quedar debajo de las duchas, éstas se apagaron. Al salir, por supuesto, volvieron a encenderse. Repetí mi número de la Pantera Rosa unas dos o tres veces obteniendo siempre el mismo resultado. Razón por la cual, a partir de ese momento, antes de ingresar al natatorio, me duché en las duchas del vestuario. Las mismas que usaba luego para enjuagarme el cloro sin jabón y sin champú, claro.

Lo más lindo de la pileta de Osaka era que la cuota mensual se pagaba en una máquina y que te daban un carnet tipo los del club del barrio de la infancia. Tenías que entregarlo antes de entrar, a uno de los guardavidas que estaba sentadito en una mesa y al salir le decías tu nombre para que te lo devolviera. Eso era lo que más me gustaba, salir con el pelo hediendo a cloro y decirle al guardavidas de turno: “Tamara - san des”. Me encanta hacerme la que hablo japonés.

(Mensaje para, por ejemplo, mi mamá: Para ver las fotos más grandes hay que clickear sobre las mismas).

Entrada al natatorio. Entre esas bicis estaba la mía, el día que me hicieron la multa por mal estacionamento. Después descubrí que la pileta tenía garage.


Máquina vendedora de cuotas mensuales

Cuotas mensuales. Fácil , ¿no?

Coconol en un excepcional día desierto.

Las duchas enmandingadas

El carnet.
Véase:
1-Encima del nombre, su equivalente escrito en kanji.
2- La fecha de vencimiento: 10/10/19, el 19 sería el 2007 contado en eras Heisei.
3- El precio de la cuota mensual de 4.900 yens (unos 50 dólares, bastante barato).
4- El plastificado de mentira al estilo tercer mundo.